Salman Abedi, el joven de 22 años que cometió el atentado en Manchester

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Su nombre era Salman Abedi, tenía solo 22 años, era de origen libio y había nacido en la misma ciudad, Manchester, en la que hace apenas unos días decidió terminar abruptamente con su vida y con la de otras 22 personas en un brutal atentado. Los que le conocían mejor decían que era un joven devoto y reservado, muy diferente por ejemplo a su padre, un trabajador del sector de la seguridad que acudía a menudo a la mezquita y siempre se mostraba muy crítico con el yihadismo.

Poco más se sabe del autor del peor ataque desde 2005 en Reino Unido, que cuando accionó el mecanismo explosivo también se llevó a la tumba decenas de respuestas que ahora las autoridades intentan resolver.

Conocen sus orígenes, pero intentan saber qué llevó a Abedi a cometer esa masacre. Sus padres, Ramadan Abedi y Samia Tabbal, llegaron a Reino Unido hace varias décadas, huyendo del régimen de Muamar el Gadafi e intentando construir un futuro mejor. Fueron acogidos en el país como refugiados libios en busca de un porvenir y en sus primeros años se asentaron en Londres. En 1993 nacía el primero de sus cuatro hijos, Ismail, que acaba de ser detenido por su presunta vinculación con el atentado.

Un año después se trasladaron a Manchester, ciudad en la que poco después nació Salman. Después llegarían Hashim y Jomana para completar la familia. Los seis se afincaron en Falowfield, donde llevaban una vida tranquila y eran muy respetados por la comunidad.

En 2014 Salman acabó el instituto y se matriculó en la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de Salford, pero nunca llegó a terminar sus estudios, quizás debido a la radicalización que poco a poco había ido adquiriendo.

Flores en homenaje a las víctimas de Manchester (AP).
Sus continuos viajes a Libia, donde sus padres regresaron tras la caída de Gadafi en 2011, hicieron que el carácter del joven cambiase de una manera notable. Se volvió más retraído y más solitario. Las autoridades francesas han informado de que también viajó a Siria y los servicios de inteligencia de Reino Unido ya le vigilaban antes de que cometiese el atentado.

El fallo fue que se infravaloró su capacidad de actuar. Se le consideraba una “figura periférica”, es decir suponía una amenaza potencial, pero no se creía que pudiera ser una amenaza real en estos momentos. Días antes del atentado, viajó a Londres y fabricó una bomba casera, de unos 10 kilogramos. El día del concierto acudió con ella al Manchester Arena y se inmoló, llevándose por el camino la vida de dos decenas de personas.

Ahora la investigación policial se centra en determinar si actuó solo o si recibió ayuda. La complejidad de la fabricación del explosivo usado invita a pensar que recibió asistencia y las autoridades ya han detenido a su hermano y a otras tres personas relacionadas con el ataque. Mientras tanto Manchester entierra a sus muertos e intenta recupera la normalidad tras un atentado que ha conmocionado al mundo entero.

Javier Taeño