Valorar la educación con maestros de excelencia

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Por el Mtro. Juan Carlos Hernández Ascencio, Académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG)

En los siguientes días se ha de festejar el día del maestro en todo el territorio y hasta en el último rincón de México, como cada año y que bueno, es una oportunidad de reconocimiento a estos héroes y heroínas anónimos, que son nada más y nada menos los que educan de manera permanente contra viento y marea a nuestra comunidad de mexicanos en general.

Sea como sea (ante las vicisitudes y necesidades que aún existen) las clases impartidas y por venir, son bien pensadas para que no se pierda el aprendizaje, entendido como la forma en que se expresan conocimientos, se comparten y se analizan y retroalimentan de forma común entre educador y educandos. El rol que juega el profesor en el aula implica el uso de una metodología para hacer atractivo, para dejar certeza y total satisfacción, y en ello va la estrategia que el docente idealice, e implemente de manera concreta para lograr su fin último: que la educación sea de excelencia y entendida lo más sencillo posible, aunque con su método aplicado.

Si tenemos profesores de excelencia muy importantes son las competencias que definen las formas y técnicas a desarrollar a propuesta del educador para los educandos, en forma tal que sea atractiva para desarrollar habilidades sí directivas, pero también de liderazgo, talento e inteligencia emocional debido a que hoy día se requieren estas competencias en las organizaciones.

De la estructura e intencionalidad para plantear el qué y el cómo, en las formas existentes para la enseñanza, ha de considerarse que las competencias y aprendizajes existen la homogeneidad y heterogeneidad que ha de plantearse, en cada tema aderezado con ejemplos, técnicas y documentando con recursos didácticos, científicos y filosóficos, todos ellos de excelencia.

Es ahí donde la investigación, el perfil del educador, su propia practica laboral, su experiencia y su nivel de preparación académica como sus años de impartición de la materia que se trate es y juega un rol de importancia, porque es justamente donde se realiza la preparación profesional para ser un educador de excelencia y además (indispensable) es menester la templanza, paciencia y caridad hacia los educandos, pues nunca se ha dicho que sea fácil esta noble pero importantísima labor de educar.

La actualización y el diseño atractivo y recurrente en disímbolos temas teóricos, pero también prácticos, (sin menospreciar l ética y valores mismos) son y serán de relevante importancia, pues entendemos que el profesor debe recurrir ampliamente a la capacitación permanente para perfeccionar en la práctica y en la técnica tanto su propio aprendizaje como su competencia; derivando con ello su mejora continua y estrategia, metodología y complementariedad al impartir sus cursos de la mejor manera posible y con alto nivel de contenidos humanísticos.

Si ello sucede, será por lo tanto atractivo para el educando y por lo tanto retribuirá en el entorno de la retroalimentación de quien recibe la enseñanza y aprendizaje de manera por demás concreta, estructurada y congruente; no importa si ésta se imparte de manera virtual o presencial, o ambas. Con lo todo lo anterior se puede afirmar que las competencias y la excelente preparación previa del educador se fortalece la educación y proponer el objetivo al educando, por su parte el aprendizaje será de sumo valor pues es ahí donde

La calidad educativa en todo y siempre está a cargo del profesor,  y es él quien pondera nuevas formas, métodos e incentivos para lograr con ello la recreación educativa y para fortalecer en los alumnos el interés por seguir ávidos de conocimientos y aprendizajes en un entorno favorable para potencializar en todas las áreas del saber;  lo más importante que asoma como fin primordial y último en la educación: el desarrollo del talento humano en todas las áreas y ciencias, implicando  por supuesto la antropología filosófica.

 

El autor es Maestro en Gestión Social y Políticas Públicas