• Este país siempre ha operado en medio de la incertidumbre. Nunca hemos tenido una planeación de largo plazo como la de otras economías.
Ciudad de México 21 de mayo 2026.- Vivimos en un momento en el que todos los días hay un incendio nuevo. Un conflicto en Europa, tensiones en Estados Unidos, problemas en Medio Oriente, incertidumbre financiera, crisis migratorias que han aumentado la tensión política y social en distintos países, polarización política, inseguridad, inflación, redes sociales amplificando cualquier crisis… El mundo está de cabeza.
Y, frente a eso, muchos empresarios viven atrapados en el ruido. Yo creo que el gran error es hacerle caso a todo. Porque si uno pretende reaccionar emocionalmente a cada crisis política, económica o social, nunca tendría tiempo para dedicarse realmente a operar su empresa.
Hay cosas que simplemente los empresarios no podemos resolver. No podemos apagar guerras, corregir gobiernos extranjeros ni controlar la volatilidad global. Lo que sí podemos hacer es concentrarnos en lo nuestro y hacerlo bien. Eso no significa ignorar la realidad. Significa entender qué merece atención y qué solamente consume energía.
En mi caso, tengo los canales necesarios para saber si alguna iniciativa del gobierno, del Congreso o de una autoridad puede afectar a nuestro sector. Y cuando eso ocurre, participamos, dialogamos, explicamos y defendemos nuestra posición. Pero fuera de eso, el enfoque debe mantenerse en lo esencial: operar eficientemente y hacer las cosas bien todos los días. Al final, las empresas no sobreviven por reaccionar al escándalo del día; sobreviven por tener disciplina.
En Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial hemos apostado por mejores salarios, capacitación, tecnología, inteligencia artificial y protocolos operativos cada vez más sólidos. No porque el entorno sea sencillo, sino precisamente porque no lo es. Y quizá esa sea la mayor lección que me ha dejado la experiencia: México nunca ha sido un país fácil para hacer empresa.
Yo fundé mi compañía en 1983, probablemente en uno de los peores momentos económicos del país. Vivíamos inflación descontrolada, falta de dólares, restricciones comerciales y un entorno completamente desordenado. Y aun así, las empresas siguieron adelante.
A veces pareciera que olvidamos que este país siempre ha operado en medio de la incertidumbre. Nunca hemos tenido una planeación de largo plazo como la de otras economías.
Países como Japón entendieron desde hace décadas que el crecimiento económico no puede depender únicamente del mercado o de los ciclos políticos. Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno japonés construyó una estrategia industrial de largo plazo encabezada por el Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI), que coordinó inversiones, protegió sectores estratégicos y definió prioridades nacionales durante décadas. Mientras Japón diseñaba políticas de desarrollo a 20 años, en México seguimos pensando sexenio por sexenio.
Desafortunadamente, hablar de proyecciones a 20 años en nuestro país casi siempre suena a ciencia ficción, porque las condiciones cambian de manera constante. Sin embargo, seguimos avanzando. ¿Por qué? Porque la enorme mayoría de los mexicanos —el 96% de la población— trabaja, cumple y hace lo correcto, frente a quienes viven de la ilegalidad, la corrupción o la violencia.
Tenemos que ganar por mayoría. El bien tiene que imponerse sobre el mal. Yo sigo creyendo en eso. Creo en la capacidad de millones de personas que trabajan, producen,
emprenden y sostienen al país incluso cuando el entorno parece adverso. Creo en el empresario mexicano, que ha desarrollado una enorme capacidad de adaptación y de resiliencia, precisamente porque ha tenido que aprender a sobrevivir en medio del caos.
Y quizá ahí esté hoy la verdadera fortaleza de México. No en la ausencia de problemas ni en una estabilidad absoluta, sino en la determinación de millones de mexicanos para sacar el país adelante, incluso en medio de la incertidumbre.