México

Las tan anunciadas falsas banderas

Dr. Adán W. Echeverría-García

 

 

El 3 de noviembre de 2026 puede llegar el principio del fin para Donald Trump. Se celebran en Gringolandia las elecciones de medio término (recuerde, querido lector, que mientras Trump insista en cambiar el nombre del Golfo de México, el país que gobierna siempre será Gringolandia); se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes gringa, un tercio del Senado y 36 de los 50 estados gringos elegirán nuevo gobernador. A quienes habitamos la frontera con Texas, se nos cuecen las habas para que el fascista Greg Abbott pierda el poder, y en su lugar llegue Gina Hinojosa quien, de ganar, sería la primera gobernadora latina de Texas en la historia, después de que la Vicepresidencia de la República de Texas la tuviera Lorenzo de Zavala en 1836.

La importancia de estas elecciones es enorme y todo el planeta está pendiente de ellas, pues de perder el ala republicana, de la que Trump forma parte, incluso ofreciendo dólares (un cheque por 5 mil a cada adulto) si su partido gana las elecciones y retiene el Congreso.

De ganar los demócratas, el financiamiento para seguir armando a Ucrania se renovará. El conflicto con Irán será supervisado (los gringos aman la guerra, cualquier partido seguirá en ellas). Estudiarían los aranceles levantados por Trump como estrategia de presión invasiva sobre países que siempre han sido sus aliados; Europa volvería a gozar de toda la protección gringa para seguir explotando África, Medio Oriente y Latinoamérica. En México, el ala demócrata volverá a entregar miles de dólares a proyectos desestabilizadores de los traidores «intelectuales orgánicos» Krauze y Aguilar Camín et al., a Salinas Pliego, al incapaz Claudio X. González y demás especímenes de esa ralea. Es decir, a México cualquier gobierno gringo intentará seguirlo expoliando: «¡Pobre México, tan lejos de dios, y tan cerca de los gringos!» dijo alguna vez un mexicano en el poder.

A pesar de todo lo anterior, las elecciones gringas son de suma importancia para el mundo, por lo que los analistas han avisado, desde enero, de posibles ataques de «falsa bandera» que el gobierno gringo intentaría. Ya el Imperio Romano actuaba de esa forma. Cuando Roma quería atacar un pueblo vecino y quedarse con sus tierras, lanzaban hacia su territorio una «lanza ensangrentada» y argüía que sus vecinos habían derramado sangre romana; eso les daba el justo derecho de atacar. En Gringolandia, algunos consideran que lo de las Torres Gemelas fue un acto de «falsa bandera» para atacar Iraq y apoderarse de sus recursos. Desde entonces los gringos poseen más 20 bases militares alrededor de Irán. En Iraq se asentaron desde 2003, y para 2007 tenían 170 mil soldados gringos atemorizando a la población. Para los gringos los «ataques de falsa bandera» son de manual.

El avionazo de Florida el 1 de noviembre, ocurrió apenas a 9 km de Mar-a-Lago, residencia de descanso de Trump, a dos días de las más importantes elecciones para Gringolandia y el mundo entero. Las reuniones en el Pentágono no se hicieron esperar. Hay que estar atentos al siguiente movimiento de Donald, que puede ocurrir el mismo martes electoral.

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