Informalidad atrapa a ancianos; la necesidad los lleva a trabajar

Alrededor de cuatro millones de adultos mayores se emplean en actividades que carecen de seguridad social, advierte estudio

Un 96.2% de los cuatro millones 722 mil adultos mayores que trabajan en nuestro país carece de seguridad social por estar empleado en actividades informales.

Además, sólo 3.8% de la población de la tercera edad se emplea en sectores de la economía formal, de acuerdo con el estudio Situación de las personas adultas mayores en México del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

La población mayor sigue laborando ante la necesidad de apoyar económicamente a su familia o el deseo de seguir activos, aseguró la maestra Graciela Casas Torres, coordinadora de Centros de Estudios de Trabajo Social de Gerontología de la Escuela Nacional de Trabajo Social.

Son personas que no tuvieron buenos empleos, que tuvieron trabajo informal”, señaló.

Es en la Ciudad de México donde se concentra la mayor cantidad de adultos mayores con trabajos formales y prestaciones: de los cinco millones 180 mil afiliados al Inapam, 18 mil tienen un empleo con garantías laborales, informó Aracely Escalante Jasso, directora del organismo.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el número de habitantes con 60 años o más llega a 14 millones, cifra que representa más de 10% de la población; sólo una cuarta parte recibe pensión.

INFORMALIDAD ENTRAMPA A LOS ANCIANOS

En México, gran parte de la población adulta mayor trabaja de manera independiente o subordinada en sectores informales como el agropecuario, el comercio, y no tienen prestaciones de seguridad social, ni de salud.

De acuerdo con el estudio Situación de las personas adultas mayores en México, del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), 96.2%, de cuatro millones 722 mil adultos mayores que trabajan en nuestro país, no tiene seguro social, y sólo 3.8% de la población de la tercera edad labora en sectores de la economía formal.

Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señalan que el número de habitantes con 60 años o más en nuestro país, llega a 14 millones; sólo una cuarta parte recibe pensión.

La población mayor continúa laborando por necesidad de apoyar a su familia o el deseo de seguir activos, aseguró la maestra Graciela Casas Torres, coordinadora de Centros de Estudios de Trabajo Social en Gerontología de la Escuela Nacional de Trabajo Social.

“Son personas que no tuvieron buenos empleos, que tuvieron trabajo informal”.

En la Ciudad de México se concentra la mayor cantidad de adultos mayores con trabajos formales y prestaciones: de los cinco millones 180 mil afilados al Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), 18 mil tienen un empleo con garantías laborales, informó Aracely Escalante Jasso, directora del organismo.

Contratar al adulto mayor significa ocho horas de trabajo, significa prestaciones de ley, y por supuesto también significa el mismo salario que el compañero”, explicó.

Una de las razones que diversos autores han atribuido a esta baja cobertura en el sistema de pensiones es que ha sido un esquema de seguridad social vinculado directamente a la condición laboral de las personas, beneficiando prácticamente a población asalariada urbana del mercado formal.

Del sistema de pensiones se dejó fuera “a quienes trabajan en el campo, en el sector informal de la economía, las subempleadas y las desempleadas. Por tanto, la población de la tercera edad que tiene acceso a una pensión es pequeña”, explicaba Roberto Ham Chande, doctor en Demografía por la Universidad de París X Nanterre, quien ha escrito diversos libros y artículos sobre el envejecimiento.

Para entender este fenómeno de inseguridad social en el que se encuentra casi 75% de los adultos mayores, la maestra Adriana Meza Calleja de la Universidad de Guadalajara, entrevistó a 87 vendedores ambulantes del centro de la ciudad tapatía, donde la mayoría consideró su trabajo como un instrumento fundamental para obtener recursos y que debían realizar los siete días de la semana para obtener, en promedio, cuatro mil 759 pesos mensuales.

Sólo 31.3% tuvo seguridad social en alguno de sus trabajos anteriores y al analizar estas trayectorias por género, se encontró una brecha todavía más amplia en las mujeres, pues 85.9% no tuvo dichas prestaciones en empleos anteriores, por lo que no tienen pensión, acceso a crédito hipotecario, a alguna institución de salud o a protección social.

En el caso de quienes sí tuvieron seguridad social en algún empleo anterior, se les preguntó si esto se tradujo en una pensión para su jubilación, a lo que 94.4% respondió de manera negativa.

El hecho de que los adultos mayores vendedores ambulantes tengan como punto en común las trayectorias laborales informales trae como consecuencia que este grupo sea  vulnerable.

Debido a esto, la gran mayoría de ellos en ningún momento de su vida laboral se encontraron afiliados a algún sistema de protección social que les permitiera ser derechohabiente de una institución de salud, cotizar para en un futuro contar con un fondo económico para retirarse de la vida laboral y tener derecho a otras prestaciones sociales. ¿Cuál es el resultado de esto? Adultos mayores sin ninguna certeza económica para el futuro”, concluyó la maestra Meza Calleja.

Por este desamparo en el que viven la mayoría de los ancianos, Ham Chande ha advertido en su libro “Envejecimiento demográfico y empleo”, que el futuro y bienestar de ellos seguirá en los trabajos informales o en manos de sus familias.

Ante las deficiencias de seguridad social, la poca capacidad de los servicios médicos y el ahorro, lo desprotegido de la vejez continuará recayendo en la responsabilidad de la familia”.

-Con información de Andrés Guardiola, Aracely Garza y Karla Méndez

MENDIGAR, SU DESTINO FINAL

La única certeza que acompaña a Egipto Tzec, de 68 años, es que, al acabársele las fuerzas para trabajar como albañil, su única opción para sobrevivir será mendigar.

El adulto mayor, originario de Yucatán, quien tiene 54 años en el oficio de albañilería, asegura que, al no contar con servicios de seguridad social, ni tener el apoyo de sus cuatro hijos, se coloca en las rejas metálicas de la Catedral Metropolitana, de la Ciudad de México, en la espera de conseguir trabajo.

Con un letrero pintado a mano, en el que recita sus talentos de albañilería: pegar azulejo, colocar yeso y pintura de paredes, espera pacientemente.

Él es parte de la estadística de la Ciudad de México en la que 45% de la población mayor de 60 años se
desempeña como obrero, jornalero, peón o ayudante de construcción.

Sus carencias se suman a las estadísticas de vulnerabilidad al asegurar que se encuentra solo y ser analfabeto.

No tengo nada de ayuda. Cuando ya no pueda trabajar pediré limosna. No nos queda otra cosa por hacer”, declaró Tzec.

De origen maya, Egipto confiesa que no saber leer ni escribir le dificulta el conseguir trabajos, debido a que pide a los clientes que lo lleven a los domicilios donde quieren que trabaje para no perderse.

– Ximena Mejía

DOS AÑOS A CARGO DE LOS GASTOS DEL HOGAR

Luego de la pérdida de su esposo, quien murió hace dos años, a sus 62 años, María Guadalupe Espinosa Ortiz, logra mantener su hogar con su trabajo.

Alegre responde que labora de intendente en un restaurante en el primer cuadro de Saltillo, Villa Santiago, a un costado de la Catedral.

Su trabajo le ha dado seguridad y bienestar, cuenta con beneficios, seguro social, prestaciones, vacaciones y un salario decoroso.

Desde hace dos años,  se desempeña en ese restaurante, recuerda que el 4 de agosto del 2015 llevó la solicitud, pero ingresó el día 7.

Su salario se va en pagar los servicios principales de la casa, que es propia, Los servicios funerarios de su esposo, además del mantenimiento de cuatro mascotas de razas pequeñas y en apoyar a un hermano soltero quien no tiene labor.

Se siente agradecida ya que a su edad es difícil encontrar trabajo.

– Alma Gudiño / Corresponsal

“AQUÍ EN EL CONGRESO SOY EL TODÓLOGO”, DON ALFONSO

Trabajador en el Congreso del Estado, a sus 64 años, Alfonso Navarro, dijo que para noviembre de 2018, se jubilará, luego de más de 30 años en el Poder Legislativo.

Estoy, trabajando desde la cuarta diputación, cuando el gobernador era Víctor Liceaga Ruibal, que en Paz descanse, él me ayudó a entrar al Congreso, yo creo para el otro año me jubilo, por ahí de noviembre”.

Entrego los periódicos, voy a los mandados, ayudo a instalar la sala Armando Paniagua, soy todólogo (sonríe)”.

A pesar de no ser sindicalizado, Alfonso Navarro está inscrito al ISSSTE en donde lo atienden de sus problemas de salud, como el infarto y la taquicardia que ya sufrió una ocasión.

Gracias al ISSSTE estoy vivo, ahí me dan mis medicinas, porque estoy enfermo del corazón y tengo diabetes, ya me dio un infarto, mi médico me dijo que la parte baja de mi corazón está muerta”.

– Paul J. Ulloa / Corresponsal