Artesanas yucatecas llevan su talento a la Plaza Grande
• Más de 120 emprendedoras de 22 municipios participan en la Feria Artesanal por los Derechos de las Mujeres instalada en la Plaza Grande, donde ofrecieron productos artesanales y fortalecen sus habilidades de comercialización.
Mérida, Yucatán, a 22 de julio de 2026.- Desde muy temprano, la Plaza Grande se llenó de colores, sabores, bordados, aromas y manos creadoras. Artesanas y emprendedoras de distintos municipios llegaron al corazón de Mérida para ofrecer sus productos en la Feria Artesanal por los Derechos de las Mujeres, organizada por la Secretaría de las Mujeres (Semujeres), como un espacio de promoción, venta y reconocimiento al trabajo que realizan en sus comunidades.
La feria, instalada frente a la Catedral de Mérida, congregó entre ayer y hoy a más de 120 artesanas provenientes de 22 municipios: Cuzamá, Chikindzonot, Ticul, Hunucmá, Umán, Opichén, Hocabá, Tixkokob, Homún, Motul, Tekit, Halachó, Mérida, Tixcacalcupul, Xocchel, Kanasín, Acanceh, Chocholá, Seyé, Izamal, Mayapán y Muna.
A través de talleres de comercialización, promoción, distribución y fotografía, las participantes han fortalecido sus habilidades empresariales, mejorado la presentación de sus productos y abierto nuevas oportunidades para generar ingresos en beneficio de sus familias.
Las historias de las mujeres beneficiarias son diversas, pero coinciden en un mismo punto: llegaron a los talleres sabiendo crear y salieron con más herramientas para vender.
En muchos casos, no solo aprendieron una nueva técnica, una puntada o una receta; también aprendieron a poner precio a su trabajo, tomar fotografías con el celular, ofrecer sus productos con mayor seguridad y promocionarlos en internet.
Ese cambio forma parte del proceso que viven mujeres emprendedoras de distintos municipios mediante la capacitación que ofrece la Dirección de Autonomía y Empoderamiento de las Mujeres de la dependencia para fortalecer sus conocimientos, reconocer el valor de su trabajo y ampliar sus posibilidades de autonomía económica.
Son mujeres distintas, con productos distintos. Una elabora mazapanes; otra, cochinita; otras, hamacas, bordados, joyería artesanal, piezas de henequén o salsas. Sin embargo, todas comparten una misma experiencia: aprendieron a comercializar, incluso en plataformas digitales, y ahora cuentan con más herramientas para llegar a nuevos públicos, fijar precios justos y mover sus productos por redes sociales.
Paty Ancona, de Mérida, lo dice sin rodeos: desde niña le gustaron los postres, pero nunca pensó en venderlos. Hace un año se animó con lo que más le gusta: el mazapán de pepita y de almendra. Tomó talleres y lo demás lo aprendió sola, a prueba y error, hasta lograr el sabor que buscaba. Ahora sus mazapanes ya no son solo para la familia; los vende en ferias artesanales y bazares, donde han tenido buena aceptación entre personas locales, visitantes nacionales y extranjeras.
Mirna, en Santa Isabel, Kanasín, madruga todos los días. Tiene 35 años ganando el sustento para su familia con la venta de cochinita. Su jornada empieza un día antes: exprime naranja agria, muele su recado, le da su punto de condimento, ese que a nadie más le queda igual, y deja la carne marinando toda la noche, envuelta en hoja de plátano.
“Si no la dejo reposar, no agarra sabor”, cuenta. Al día siguiente, desde muy temprano, ya está en su punto de venta, con la cochinita jugosa y calientita. Es la tradición de siempre, pero ahora con cuentas más claras.
En Mérida, Rosa María es la voz de un taller familiar. Su madre, Gina, lleva 10 años trabajando el metal: latón, cobre, alpaca y alambre. Hace bisutería y joyería a mano. Rosa María vende esas piezas, pero también crea las suyas: dibuja mitos y alegorías mayas sobre papel amate y elabora jabones artesanales. Cada mujer de esa casa hace algo distinto y, entre todas, se sostienen.
En Sahcabá, comisaría de Hocabá, el henequén vuelve a tener manos. Doña María, artesana que aprendió desde niña a trenzar la fibra dura, hoy crea piezas suaves: tortilleras, tapetes individuales, alhajeros y muñecos tejidos. Lo que antes fue industria hoy es artesanía fina hecha en casa, con conocimientos que ya aprende la siguiente generación.
Las cuñadas Genny y Guadalupe, de Cuzamá, le pusieron nombre a su picante sazón: Cozom Ik y Cozom Ha. Elaboran salsas de chile habanero y de árbol, chile en polvo, pepita y hasta mermelada de piña con chile. Se ríen cuando explican su producto: “Es un chile que pica poquito, pero también hay del que pica mucho”. Se ríen, pero ya aprendieron a cobrarlo bien y a promoverlo en redes sociales.
La Feria Artesanal por los Derechos de las Mujeres permite que estos productos lleguen al público local, así como a visitantes nacionales y extranjeros, al mismo tiempo que visibiliza el trabajo de mujeres que sostienen oficios, saberes comunitarios y proyectos familiares desde distintos puntos del estado.

