Una mejor sociedad mexicana.

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Me gradué de biólogo en 1999. Esto implica que 18 años del s XXI me he desempeñado como Biólogo. He hecho además una maestría en producción animal tropical, y concluí en el año 2013 mi doctorado. Desde la mitad de la última década del siglo XX había comenzado mis trabajos de investigación en biología molecular, y mientras eso ocurría, la tecnología continuaba su avance. Era tan notorio, que entre los científicos se comentaba sin dudar, que el avance en biología molecular y el avance tecnológico corrían a la par.

El neoliberalismo imperante en la política social, cultural, ambiental, económica, impide notar este crecimiento. Por la necesidad del ser humano de ser seguidores de algo. He conocido Doctores en Física que por las tardes imparten cursos a la familia, y pláticas pre bautismales.

Casos similares, de fanatismo retardado, continúan ocurriendo en la política y en los derechos humanos. Es verdaderamente triste escuchar a aquellos fanáticos que pretenden ser de izquierda, hablar en contra de los sacerdotes católicos, acusándolos de Pederastas; los casos de las diócesis de Boston, la congregación de Irlanda, el escándalo en Chile, contra el Papa Francisco por no reunirse con familiares de víctimas de pederastia.

En México, se pueden encontrar cientos de notas, ensayos, y acusaciones contra sacerdotes católicos. Sin embargo, también se puede revisar el libro “Ovejas negras” de Emiliano Ruiz Parra, donde enaltece el trabajo de luchadores sociales que en México desarrolla un gran número de sacerdotes católicos.

Esta dicotomía debe hacernos reflexionar contra del fanatismo. Y evitar la descalificación faciloide que se hace contra el otro. En México, como en muchas partes del mundo, la cacería de brujas ocurre en las redes sociales estableciendo dicotomías simplistas que categorizan en Malo y Bueno, lo que les rodea. Desde la política: Pri- Malo, Morena- Bueno, un político es de la Mafia del poder si está en el Pri, el Pan, el Prd; pero si se reúne con Andrés Manuel, y forma parte de Morena, se transforma en Bueno. Las batallas de género tienen el mismo comportamiento dicotómico: Homosexual-Bueno, Heterosexual: Malo; Mujer: Buena, Hombre: Malo; o desde las religiones; Católico: Malo, Ateo, Marxista, Izquierdista, Yogui, Budista: Buenos.

Y asocian lo bueno con características pre establecidas: Un homosexual seguro leerá mucho, tratará bien a los que lo rodean, tendrá excelente economía, amará a los animales, seguro será vegano, será hípster, un gran conversador, un intelectual. Y así van construyendo avatares para afianzar constructos que perseguir que les sirvan de modelo moral.

Tienen ideas tan confusas que asocian grado escolar con moral, y entonces creen que alguien con doctorado será una persona tocada por dios, llena de inteligencia para conducir los destinos del país. En los periódicos trascendió que el Dr Mario Rebolledo Vieyra, de un centro de investigaciones de Yucatán, violó a su hija de cuatro años. El Dr Javier Duarte, con doctorado en economía, ha sido uno de los gobernadores más corruptos de la historia reciente mexicana.

Para poder construir las nuevas Ciudades Inteligentes, y habitarlas en nuestro beneficio, tenemos que redescubrir las muchas moralidades que todos ostentamos, que deben servirse desde la cultura y la educación.

Nuestras ciudades actuales poseen una telaraña creciente de conexiones directas a los sistemas mecánicos y eléctricos de los edificios, los aparatos domésticos, la maquinaria de producción, las plantas de procesamiento, los sistemas de transporte, las redes eléctricas y otras redes de suministro de energía, suministro de agua y eliminación de residuos, sistemas que proporcionan seguridad vital y sistemas de gestión para casi cualquier actividad humana imaginable.

De qué pueden servirnos si las usamos para acusar, juzgar, atacar al otro, al que piensa diferente de nuestro gremio. Seguimos acostumbrados a ser grey, a ser masa, a ser público cautivo, a perseguir liderazgos morales.

Hay que resistirse a ello para construir una mejor sociedad mexicana.

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