MORIR POR TUS PALABRAS

Adán Echeverría

El lenguaje nos ayuda a comunicarnos pero también nos define. Muchos querrán decir que no es así, pero tu forma de expresarte, las palabras que uses para ello será la característica del nivel de educación en que te has formado. Las expresiones de Paco Ignacio Taibo II en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara no tienen que ver con “volverse un violador en potencia”, como señalara alguna senadora, ni tampoco deben considerarse como palabras misóginas. Son una vulgaridad. Pueden ser palabras que Paco esté acostumbrado a decirle a sus camaradas, a sus compadres, a sus amigos de cantina o de aquellos con los que se reúne a fumar mariguana, incluso pueden ser palabras con las que acostumbre referirse a su esposa, su madre, o hasta a sus hijas, si las tuviera, pues no se absolutamente nada de su familia, porque el personaje siempre me ha parecido carente de toda cultura. Si sus logros intelectuales son: regalar libros en ferias, solicitar libros a otros, y pasárselas regalando y agarrando dinero del erario, solicitando dinero de proyectos para la promoción del libro, que no de la cultura, toda vez que es evidente que carece de ella, no me parece logros suficientes para ser el Director del Fondo de Cultura Económica.

Paco confunde lo que es cultura con lectura de libros de literatura. A muchos personajes de la promoción de la lectura les ocurre lo mismo. Creen que son intelectuales, creen que son cultos, porque se saben los nombres, y algunos chismes, de algunos escritores mexicanos con los que salen de parranda, o con quienes tienen discusiones de cantina sobre quién es y quién no es escritor.

Una persona en la cultura es mucho más que un lector de libros de literatura, y mucho más de un lector de libros de literatura de autores contemporáneos, porque la cultura es mucho más que eso, muchísimo más. La cultura son los pueblos originarios y sus tradiciones, son el lenguaje de los habitantes de la ciudad, la economía, la política, las matemáticas, la física, todas las bellas artes, los comics, saber de ello, saber tolerar la música banda, saber de autores de comedia, saber de la historia de México, la oficial, y la académica, saber de ciencias, del Proyecto Genoma Humano, saber de las enfermedades de transmisión sexual, saber de las luchas feministas, saber de los procesos de producción más limpia, saber de las áreas naturales protegidas, tener conocimiento de la Teoría de Cuerdas, saber acerca del bosón de Higgs, saber mucho o poco de todo lo que el hombre y la mujer hacen en este planeta tierra, y saber tolerar las diferencias entre unos y otros, valorar la libertad para expresar las ideas de todos aquellos que nos rodean, tener la capacidad de debatir, dialogar y aceptar pensamientos lejanos a nuestra forma de pensar, y ser feliz de que existan esas múltiples diferencias.

Y Paco Ignacio no es un personaje de esta ralea. Su comportamiento es el de un fanático. De aquel que sigue viendo dualidades: Malos los que no están conmigo y Buenos los que me defienden y están de mi lado. Las palabras de Taibo II son un acto de soberbia, sobre toda la vulgaridad en la que dibujó sus dichos. La soberbia de aquel que se siente: el protegido, “Yo me llevo de piquete de panza con el presidente electo, y me vale el Congreso y los Legisladores, yo seré director del Fondo porque Andrés así lo quiere”. Y este acto de soberbia en un funcionario de la cultura, es ante todo una pobre muestra de que a Taibo la tolerancia de ideologías no le importa.